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Cuando la enfermedad es la que habla


Espacio: Blogger invitado

¡Hoy tenemos como blogger invitada a la psicóloga y terapeuta infantil y de familia Susana Albornoz di Filippo. 

Susana es mamá de Amaranta y Paloma, Doula certificada y diplomada en Educación prenatal, perinatal y postnatal de EMESFAO y la Universidad de la Sabana. Susana creó un taller de vínculo "Manitos y Cascabeles" para madres y padres de familia con bebés de 0 a 24 meses y brinda consulta privada. Puedes contactarla si necesitas asesorías en crianza, conferencias y talleres para padres de familia y niños. Tel: (0057) 321 2427888. E-mail: albornozs0902@gmail.com 



CUANDO LA ENFERMEDAD ES LA QUE HABLA

Corrección de estilo: Valeria Calderón

En las familias hay rachas de mala salud. Hubo un tiempo en que mi hija Amaranta sufría de algo diferente cada semana. Un día vómito, otro día fiebre, luego diarrea, infecciones, mocos, tos, dolores de estómago, llantos, rebeldía, y así. A pesar de todos los cuidados no mejoraba y salía de una para llegar a otra. Yo, en medio de mi cansancio y desesperación por una situación que siempre me confronta nuevamente con mi incapacidad de atenderla al cien por ciento, le pregunté un día sin ton ni son: ¿acaso es que no quieres mejorarte?

Yo esperaba un “si mamá, quiero estar bien para poder salir, jugar e ir al jardín con mis amigos”. Sin embargo y para mi gran sorpresa, Amaranta me contestó: “No mamá, yo quiero estar enferma”. En ese momento me detuve a escucharla después de largos días de verla tratando de llamar mi atención a través del vómito, fiebre, diarrea, infecciones, mocos, tos, dolores de estómago, llantos, rebeldía, etc. Me senté en el piso con ella, donde estaba jugando (lo que llevaba mucho tiempo sin hacer) y le pregunté por qué. Me contestó que al estar enferma no tenía que ir al jardín y podía estar conmigo y con su padre. Claro, sencillo y contundente.

Y entonces comprendí que cada vez que Amaranta se enferma, yo me conecto con la ternura y el respeto de sus tiempos y sus ritmos, no la regaño y cuenta con tiempo y espacio para estar en contacto conmigo sin la presión de mi cansancio. Parece que al enfermarse nos libera y hace posible un contacto tierno, respetuoso y cariñoso entre nosotras. Es como si su enfermedad fuera un llamado a mi luz en días de tanta sombra. La enfermedad de Amaranta me llama a buscar mi luz.

En ocasiones la enfermedad de nuestros hijos, sobre todo cuando es de manera recurrente, se abre camino como mensajera de nuestra sombra sin nombrar la tristeza no expresada, el estrés no hecho consciente o los temas no resueltos. Aunque la pregunta crucial podría ser: ¿qué gana Amaranta al no querer mejorar? ¿a qué me obliga su enfermedad? ¿qué camino se abre al escoger entre nosotras una relación de enfermedad? Muy posiblemente la racha de enfermedad de Amaranta tuviera que ver con mi molestia, con mi cansancio, con mi incapacidad. Y aún cuando me causa desesperación el verla mal de salud, creo que tengo mucho que ver en ello. Concluyo que su estado de salud posibilita esa luz, nuestra conexión, y mi capacidad de atenderla con paciencia, sin presión, con cariño. Parece que yo escojo, de manera inconscientemente por su puesto, que mi hija se enferme para poder ser “una buena” mamá.

Y tal vez la explicación radique en que me devuelve a la fantasía de que es una bebé y que depende de mí, que necesita mi cuidado y protección, que no me cuestiona con su autonomía ya ganada, deseada y defendida. O tal vez porque sus tiempos y sus ritmos son más lentos y por lo tanto más fáciles de llevar para mí; porque cuando está vulnerable mis exigencias expectantes disminuyen y ya no tiene que cumplir porque “esta enfermita”; porque me deja verme como la mamá que cuida de su hija ante mí, y ante los demás. Y ella gana la atención, la tranquilidad y los mimos que está pidiendo y necesitando que no obtiene cuando está saludable, fuerte y capaz.

Hoy que me doy cuenta y acepto que a veces dependo del estado de salud de mi hija para bajar la guardia; hoy espero que el cariño y la ternura que nacen en mi cuando Amaranta vomita, tose, tiene fiebre, tiene mocos, dolor de estómago y demás, perduren cuando ella esté saludable, activa e “insoportable”; cuando esté jugando, desordenando, desafiando, explorando y haciendo ejercicio de su autonomía.


…Y que siempre podamos encontrarnos desde la salud.



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