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SEAMOS LAS MADRES QUE SOMOS

No importa que estés gozando a plenitud de la maternidad, o que estés en conflicto con ella. Para nada es relevante que no quieras ser madre o que siéndolo necesites buscar otros caminos además de dedicarte en exclusiva a tus hijos. Tampoco que seas una madre con sentimientos ambivalentes que no logra realizarse como mujer, profesional y como madre al mismo tiempo; que no puede conciliar roles, o que por el contrario, por disfrutar a plenitud la maternidad quieras dejar total o parcialmente tu profesión. Qué mas da que seas de aquellas que además de criar uno o siete hijos trabajes en tu carrera. O no trabajes.

Alt="Madres que trabajan desde casa"


Para nada es importante si los crías sola, con la ayuda de tu pareja, tu familia o con el apoyo de un séquito de sirvientes.

Y ni merece la pena reflexionar si durante varios años no sales sola, en pareja o con tus amigos por no querer dejar a tus hijos, te los lleves a todos lados metidos en su portabebés; o si por el contrario sales sin ellos seguido o sólo de vez en cuando.

No tiene mayor relevancia que seas una mujer que da el pecho a libre demanda por el tiempo que tu, tu bebé lo quiera o ambos lo quieran; que lo hagas estando con tu hijo permanentemente durante toda la relación de lactancia; a lo mejor que lo hagas extrayéndote la leche en el trabajo para mantener la producción y dejársela al día siguiente durante poco tiempo, unos meses, muchos años; que seas una mujer que no da el pecho por decisión propia o por algún obstáculo que no hayas superado por falta de información y ayuda.

Tampoco es significativo que sea necesaria la cercanía para que atiendas a tu bebé por la noche al tiempo que puedes tener simultáneamente unas horas de sueño; que duermas con tu hijo o con tus hijos durante toda la noche o durante parte de ésta; que por el contrario necesites tu espacio y te las arregles para poder dormir sin que corran ningún peligro.


No importa que uses pañales de tela o pañales desechables. Y que mas da que uses portabebés ergonómicos de tela o cochecitos, o ambos. Ni tampoco que hagas la ropa y los muñecos de tus hijos o que los compres en lujosas boutiques o establecimientos del común.

No significa nada que ofrezcas a tu familia los alimentos que más se acerquen a su estado natural, que se seas vegetariana, vegana, macrobiótica. O que comas carne, pollo y pescado; menos que consumas comida chatarra, pidas domicilios o vayas a lujosos restaurantes. Y no es de gran envergadura que compres productos ecológicos, comerciales, procesados; que prepares toda, parte o ninguna de la comida que comen tu familia y tú, ni tampoco que revises de arriba a bajo la lista con que están preparados los alimentos envasados cuando no los preparas; o no lo hagas.

Y no importa que críes en casa o los mandes a la guardería o al colegio.

No vas a perder tus derechos, derechos tanto de hombres como de mujeres. Tampoco vas a perder tu identidad como persona. Los cargos que dejes de ocupar, si no puedes o no deseas trabajar, no necesariamente van a terminar ocupados por hombres. Y no para ser buena madre debes renunciar a tu desarrollo profesional, personal o intelectual por quedarte en casa, (ni que quedarte en casa cuidando a los hijos fuera el imperativo para ser la mejor madre). No serás mejor por realizar un trabajo de día y de noche sin recibir pago o por trabajar en un campo remunerado a tiempo parcial, o de día y de noche. No tienes tampoco que disfrutar tu papel de madre, dejar de salir, ni dejar tu profesión.

No existen ni existirán modelos de crianza que te impongan nada que tu no quieras hacer. Tus hijos van a crecer; ni bien ni mal criados, ni bien ni mal educados. No vas ganar ni perder tu esencia por hacer, por no hacer; seas de las que escribe o sigue un blog de maternidad y crianza, seas de las que participe o siga páginas que se buscan espacios para desahogarse o liberarse del tema “mamá”.

Puedes dar teta, lavar pañales, ser una mamá que trabaja en casa y también realizar otras actividades que le exijan a tu intelecto. Aunque, ¿quién dijo que criar no te hace mover el aparato de pensar? Es viable sacar el tiempo para conectarte con lo que sucede en el planeta, tomar tiempo para ti, descansar, estudiar y leer, a la par que te dedicas a la crianza de la manera en que te dediques a la crianza.
Las madres no dejamos de ser pensantes por criar a nuestra manera, y por lo general tenemos capacidad para educar, además de ese sexto sentido que a nuestro "género" se le atribuye (como si el instinto fuera algo propio de mujeres y no de humanos). No es un tema de teta y fórmula; de dormir con los hijos o no hacerlo; de pañales de tela versus pañales desechables; de lo ecológico y natural versus lo que no lo es. Ni se trata de que te asusten porque vas a perder tu capacidad de raciocinio dependiendo del lado en el que estés, o la tendencia que sigas, porque no hay lados.

No importa que te rías de tus intentos de ser buena madre o de gritar que eres "mala madre" para criticar a quienes te buscan perfecta en tu papel. No hay modelos de maternidad excluyentes; no hay “madres Susanita, cataplasma, helicóptero, gallinas, tigresas, lobas...”. Porque podemos ser todas esas y no serlo; o ser alguna o todas por momentos y porque siempre podemos cambiar de opinión. 

Y si crees que “criar en el apego”, “practicar la crianza con amor”, "crianza positiva" o como le quieran llamar, es una corriente o moda; tal vez te sirva saber que el apego es simplemente un instinto que se presenta en los humanos; y saber que cuando somos más las que manifestamos ese amor de madre, que nace y se ejerce con el alma y con toda la fuerza del corazón sin que se nos encasille con calificativos previos a la palabra “madre” o a la palabra "crianza", muy posiblemente se valorará más nuestra contribución en educar mujeres y hombres de bien, seres humanos ojalá íntegros, que hagan del mundo un lugar mejor. Valorar, no atacar ni juzgar. Mucho menos si somos mujeres contra mujeres. Tampoco los hombres, ni la familia, los amigos, los extraños o la sociedad entera.
Tienes derecho a ser tomada en cuenta, tener espacios propios y compartidos, y no tienes que ser la “super mujer” ni la “super mamá”. Somos tan valiosas las mujeres, que necesitamos se nos apoye y valore en cada uno de los papeles que llevemos a cabo en nuestras vidas, sin perjuicio de la manera en que las organizamos. Lo verdaderamente natural es ser madre, independientemente de las escuelas, métodos, títulos, libros, bloggers (incluyéndome a mi), escritoras de artículos y millonarias feministas que quieran explicarnos lo terribles que seremos si nos quedamos en casa o si damos teta; e independientemente de lo que digan las que están en guerra con lo que llaman la “crianza artificial”; sin perjuicio de que seamos grandes intelectuales sirviendo al planeta o grandes pensadoras en lo que a programar el menú infantil se refiere; seamos madres profesionales o trabajadoras y salgamos de casa a ganarnos el sustento (o como manera de excusarnos de las labores del hogar); seamos de las que nos guste la naturaleza y la ecología; el porteo o el cochecito; o seamos de las que nos da lo mismo si la ropa es de linos, tules o algodones orgánicos.

Simplemente SEAMOS LAS MADRES QUE SOMOS, que tanta cosa que se escribe sobre nosotras; tanto impacto cultural y social en el modo de conducirnos; tanta injerencia y juzgamiento sobre lo que debemos hacer o no hacer, se convierten en una fastidiosa cortina de humo que nubla la obviedad de lo inevitable: somos las madres que somos y criamos de la mejor manera que creemos posible.

Al fin y al cabo, como un hecho propio de la condición humana, nos vamos a equivocar. ¡Ah!, y los padres también.


Alt="Nenes de leche"
Por: Valeria Calderón, mamá, abogada y educadora certificada.










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