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Mi bebé llora mucho y no se que hacer

Llora todo el día, “no hay nada que le consuele”, y lo hace intensamente durante horas y horas. Le llaman cólicos, pero eso no explica la sensación que ella tiene de no poder pensar en otra cosa que en la manera de calmarlo. Lo que fuera que estuviera haciendo, queda relegado a un segundo plano. Le preocupa que llore tanto, puede incluso sufrir mucho por ver a su bebé así. Se pone alerta, trayendo de algún lado su capacidad femenina para contener al pequeño que llora incesantemente. Analiza la situación, se enfoca en descubrir la causa del llanto. Pero es algo que ocurre a diario sin causa aparente. Posiblemente le toma en brazos, posiblemente mantiene distancia.


alt=”Mi bebé llora mucho y no se que hacer"
Foto: http://www.bebelu.ro/cum-ajutam-bebelusul-cu-colici.html

Pero por lo general le tomará en brazos, le ofrecerá calmar su necesidad de succión nutritiva o no nutritiva, hará toda serie de ruidos como agitar su llavero o tomar algún juguete sonoro, balbuceará algunas palabras en tono infantil, le mecerá, le paseará, le acunará, le silbará, lo cambiará de pañal o de lugar, con tal de consolarle para que deje de llorar.

Ella no sabe qué más hacer. Por lo menos por ahora. Posiblemente cuando crezca un poco más, si se raspa la rodilla en un parque, sus ojitos llorosos solo querrán encontrarse con los de ella, y un solo abrazo maternal le sea suficiente para secarse las lágrimas y volver a jugar. Pero parece que ahora no. Su bebé no para de llorar. Y ella se siente confusa.

Y está imbuida en sensaciones ambivalentes que tal vez no se atreve a expresar. Piensa que lo está haciendo mal, se siente impotente, le cuesta creer que a veces tenga sentimientos negativos hacia una personita tan importante en su vida. Se siente insegura y cree que sus esfuerzos son inútiles, que ha fracasado como mamá y que el mundo lo va a notar. Desea esconderse del universo y no escuchar los miles de consejos del tipo: ¿porqué llora tanto?; ¿será que tiene hambre?; ¿estará enfermo?; ¿no duerme lo suficiente?  Además le presionan.

Pero está allí para tranquilizar a su bebé; está atenta, no obstante su ambivalencia. Se observa, y hace conscientes sus sentimientos y emociones. No entra en una guerra con lo que siente; llora si necesita llorar, se toma un tiempo a solas si lo requiere; si necesita ayuda la pide, sale a dar una vuelta con el bebé y se tranquiliza con el efecto que la ternura de su pequeño causa en cualquiera que lo mire. O simplemente se sienta a contemplarlo, reflexiona que está delante de un ser humano y no enfoca su atención en lo que ella ha hecho mal o en los errores que pudo haber cometido para que su bebé esté así. Por el contrario, trata de conectarse con el pequeño y le consuela de la forma que mejor puede, tratando de comprender que posiblemente haya mil razones para que llore, muy poco relacionadas con su habilidad como madre.

Y posiblemente ve que su bebé responde a sus maniobras para consolarle. Confía en que desarrollará la habilidad para calmarle.

A lo mejor, muy pronto sintonizará con su bebé.

Alt="Nenes de leche"
Por: Valeria Calderón, mamá, abogada y educadora certificada.







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