La maternidad no es tan negra como la pintan



Me encontraba viendo una cuenta en redes sociales donde las madres hacen publicaciones sobre su nueva vida en la maternidad. Me sorprendió que la gran mayoría, y puedo decir que son miles, muestran los grandes sacrificios que hacen en torno al embarazo, la crianza; el esfuerzo que implica cuidar a un bebé y las quejas, en tono a veces jocoso, a veces sacástico, de su situación como madres, de sus sentimientos frente a los hijos y de las parejas, la mayoría padres. 


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Me llamaron la atención aquellos que denotan abnegación, sacrificio y privación. Por ejemplo el del cartel en el que la madre enumera sus avatares desde el parto hasta el número de pañales que cambia y pide al público que con todo lo que ha pasado, ni se les ocurra decirle que su bebé se parece a su pareja. 

También me llamó la atención un cartel pidiendo que no despierten al pequeño "Satanás" que finalmente se quedó dormido, firmado por una mamá cansada. 
Otro decía: "Tranquilas, la pesadilla va a cesar, los pequeños monstruos se van a ir. Continúen y tómenlo como supervivencia día a día". Había un comparativo sobre tipos de dolores de cabeza coloreados en rojo según las zonas de dolor. Dolor suave: una pequeña zona pintada, migraña: una más grande; niños: toda la cabeza.

Encuentro fotos que comparan a la misma persona sin hijos (se ve hermosa) y con hijos (se ve como un esperpento). Me sorprendió además uno que decía: "Te das cuenta que eres mamá cuando ya no te molestan las filas ni el tráfico porque eso califica como tiempo para ti sola".
Las tazas gigantes de café y la privación del sueño, temas que pululan. 

Observé muchas publicaciones sobre la pareja. Suelen minimizar su actuación, envidiarla, quejarse o burlarse. Por ejemplo uno decía: "no quiero dormir como un bebé sino como  mi pareja", otro expresaba: "Solo me llama para decirme que lavó los platos como gran cosa. Si yo llamara cada vez que me ocupo de algo, su celular no pararía de sonar". Y había publicaciones mostrando cómo queda vestido un bebé con mamá y cómo queda vestido con papá.

Esos post reflejan muchas realidades de sufrimiento. El solo llamar "monstruo" a un bebé o "pesadilla" al hecho de criar, ya refleja sufrimiento. 
Y es absolutamente legítimo sentir que el bebé es un monstruo, sentirse dudoso e incompetente, aún cuando en el fondo se sabe que se es suficiente y además tan importante para ese pequeño pero grandioso ser. 
Es legítimo expresar lo que sucede con la falta de apoyo, con la falta de sueño, con el caos y el desorden; con la limpieza y la atención de un hogar donde hay gente nueva. Ni se diga del fluctuar de las hormonas y el estado anímico que hacen también sus jugadas, así como los cambios de humor, que a veces puede lograr que un día se vea realmente negro.
Da rabia ver que se está llevando a cabo un gran trabajo que algunas personas no valoran; es sano hacer catarsis a través de post irónicos, sarcásticos burlescos y reclamantes; porque puede liberar la mente. La risa también suele liberarla (algunas publicaciones son realmente chistosas).
Además el hecho de identificarse con lo que pasan otras personas es sano, y al ilustrarlo de forma exagerada, se entiende, se valida. Hay horas que parecen eternas, y todavía más, si se pasan en una función cuidadora. 
Es comprensible la situación de quienes por esos motivos o por otros personales abren la ventanita del nacimiento con proyectos y no con hijos. Y no tienen porqué explicarselo a nadie.

A veces pienso en las personas que quieren empezar la aventura de la crianza. Si yo les mostrara los problemas y desahogos que reflejan esas publicaciones, posiblemente podrían asustarse. Aquellos que se impactan, podrían ver la maternidad como un tema de sufrimiento o de sacrificio; incluso podrían sentir lástima. 
¡Aunque no es necesario mostrárselas!, basta una reunión de amigas con bebés hablando sobre lactancia a una mujer embarazada. 
Es algo así como cuando le dicen al que piensa estudiar medicina que es una carrera muy difícil, larga, de mucho sacrificio, posiblemente mal paga y que no va a dormir noches enteras porque estará estudiando o haciendo prácticas a punta de café, sin dejar atrás todo el sufrimiento, cansancio y frustración que va a experimentar.

Las palabras tienen poder. También las imágenes y las redes. Si a lo mejor, sabiendo que algunos se van a asustar con respecto a todo lo terrible que les va a pasar y van a sentir con el embarazo, el parto, el postparto, la lactancia, las incontables horas de sueño, las hormonas, la impotencia, las dudas, la sensación de incompetencia, el no saber qué hacer; a lo mejor funcione primero contarles sobre lo maravilloso que es imaginárselos cómo serán cuando nazcan, cómo serán de grandes; verlos dormir, gozar de los momentos en brazos y comentarles sobre las delicias de la crianza.

Así, de ninguna manera se oculta o niega el lado oscuro. Tampoco se bloquea la expresión de todas las sensaciones negativas, tan válidas como la misma condición humana. 
Es simple: resaltar lo bueno, y de darle primacía a un lado en el que no importan tanto los errores ni las dudas; tampoco los sacrificios. 
Lo que prima es la capacidad de continuar a pesar de ellos. Y si lo vemos en perspectiva, ¡hasta pueden ser parte de la diversión de la crianza! como la publicación de la mamá pulpo con varias manos y algún objeto, incluido un bebé en cada una y otro metido en un portabebés. O la dormilona que pasados los años no entiende cómo pudo llegar a ser capaz de no dormir de corrido una sola noche cuando tenía un bebé. 

Es cliché eso de que crecen muy rápido. Aunque a tal vez sirva de consuelo a quienes con todo el derecho hacen esas publicaciones. Lo cierto es que esos momentos de brazos, esas palabras de media lengua, esas miradas y sonrisas, esos ratos de diversión "merecen la pena", (aclaro que en este contexto, no la tomo como pena sino como oportunidad). Oportunidad de contemplar y de disfrutar instantes de alegría y de goce que con el correr de los años serán fugaces. Por eso, si primero pintamos la maternidad con colores alegres, vivaces y divertidos; a lo mejor lo que no es tan colorido se pasme un poquito.

Los pequeños no van a querer estar en brazos siempre. Ni sonreír cuando vean tus ojos al abrir los suyos al despertarse. A lo mejor ni quieran darte un beso delante de los amigos. Y de eso también nos podremos burlar o recordar con nostalgia más adelante
Mientras tanto, tenerlos en brazos (o con el mejor reemplazo de ellos como un buen fular), libera oxitocina (la llamada hormona del amor); permite conocerlos, disfrutarlos y olvidarse un poco de la para muchos dura y terrible labor de cuidar "monstruos" y "diablos". 

¡O de convertirse en ellos! ¿cierto que a veces los monstruos somos nosotros y asustamos a los demás? Sino, miremos nuestra cara en el espejo cuando ya el hogar está en silencio y todos están dormidos menos nosotros, incluyendo a aquel o aquella que llama para decir que lavó los platos...

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