La vida te cambia con un bebé


Es impresionante cómo un bebé te puede cambiar tanto la vida y no solo por los tan evidentes cambios físicos. A lo mejor no pienses en ello, pero cambia también la manera en que el mundo se representa ante ti y cómo miras tú al mundo. 




Posiblemente tengas ideas sobre el amor y sobre la vida, muchas basadas en las vivencias de tu propia existencia. También ideas sobre lo que sería la vida mientras se espera un bebé o ya ha llegado al mundo. Si aquellas experiencias no incluían la cercanía con el mundo de los bebés, posiblemente no te sean familiares esas transformaciones, aquellas que se viven tan fuerte desde adentro. Si ya habías estado en contacto con bebés, fueran tuyos o de otros, a lo mejor caigan más suave porque ya habrás visto un poco cómo es la fuerza de lo impredecible. En todo caso, como cada bebé es diferente y como uno es diferente con cada bebé, es posible que todo lo que pensaras o pienses sobre ti y de cómo deberían ser las cosas, también vaya cambiando. Una y otra vez. 

Esa persona que eras cuando supiste del bebé, no es la misma que lo recibirá en sus brazos cuando nazca, ni será la misma que lo vea años después convertida en toda una persona independiente, a quien a su vez posiblemente alguien tan pequeño le cambie la vida como te sucedió a ti.

Con un bebé, no serás la misma persona después, ni cada día, porque con el pasar del tiempo, incluso de las horas, habrás aprendido algo, te habrás equivocado en algo, habrás intentado algo y te habrás observado, así como habrás observado al bebé.

A lo mejor pensabas que por tus ganas de hacerlo todo a la perfección te calzaba bien el comprarte libros y escuchar consejos sobre todos estos procesos. Y leerlos todos. Incluyendo esto. También sobre el paso a paso de lo que se experimenta cada día y de lo que experimentan los bebés cada día; como si todos fuéramos iguales, como si todo tuviera que ser de cierta manera. Y como si tanto de lo que se escribe y tan diferente, tuviera la única verdad.

Posiblemente ya tengas o ya tenías planeado en tu cabeza los tiempos, la forma de nacer del bebé, algún texto con un plan de parto o un plan de parto mental; los cuidados puerperales y los del bebé que recién comienza la vida por fuera del útero. Tal vez un plan sobre cómo se alimentan los bebés, cómo duermen (o deberían dormir). Todo en un mapa de ruta imaginario, como si fuera el que se sigue digitando un punto en el móvil para llegar de un lado a otro. Perfectamente, con la distancia precisa, sin obstáculos y un camino directo sin semáforos en rojo ni contratiempos. Una persona perfecta en su función cuidadora, con un bebé de libro, con una determinada manera, (o mejor predeterminada), más bien, de hacer las cosas. Además de hacerlas bien.

Cuando te das cuenta que un bebé lo cambia todo y que todo lo que creíste y lo que se te dibujó en tu ruta, posiblemente no sea, aterrizas. Lo haces tranquilamente, o de forma estrepitosa. Porque los tiempos no duran todos igual, los partos no siempre se dan como queremos y porque las rutinas de alimentación y de sueño no funcionan igual para todos, o más bien, no existen para todos.

Esa ruta planeada de lo que pensaste pasaría cuando quisieras darte un respiro de soledad, permitirte una salida sin pensar en el tema bebé o cuando llegara el momento de volver al trabajo, puede que se desdibujen. Y es posible que ya no quieras hacer nada distinto a estar ahí, abrazando, cargando, conteniendo. Esto podría pasar justo al mirar cómo aquellos deditos se agarran a uno de los tuyos pidiendo no separarse jamás.

Todo eso que pensabas, que planeabas y que leías o que te dijeron que sería lo perfecto, o lo normal, tal vez cambie. Y cuando ocurra, a lo mejor será porque diste curso a lo que sentías, sin pensar en la perfección. Sin pensar en cómo es que se hace para que salga todo bien. Si te planteas escenarios, podrás fijar tu atención a rutas alternativas que puedes tomar en tu camino para así poder asignar una cuota de energía para prepararte ante los cambios.


Si sientes que te sales del camino o te parezca extraño tomar una ruta diferente porque en un momento dado ya no querías ir de ese punto al otro, o te enfrentas a un aterrizaje forzoso con cambios abruptos, entiendes que no todo sucede como lo planeamos. Si te lo tomas a pecho y te resistes, o te entristeces, tal vez te sane el corazón saber que siempre hay la posibilidad de reparar. Porque sabes que puede y pudo haber piedritas y que al igual hay que seguir. A lo mejor también te sane el corazón saber que seguramente estás actuando conforme a lo que esa personita quiere que seas cuando escuchas lo que te tiene que decir así no sepa hablar; descubriendo, si te pasa, que esas necesidades que te exprese tal vez sean las mismas tuyas y tan propias, en este baile de varios. 

Si lo recibes como viene, tendrás el poder de decidir tomar otros caminos conforme los vayas transitando, con tu punto hacia un bello horizonte al que irás llegando conforme pasa la vida. 

Atesora estos momentos en tu corazón, los que te han cambiado la vida. Y los que te la cambiarán. Seguramente se te vendrá a la mente la imagen de esos deditos enganchados a uno de los tuyos. Y te habrás dado cuenta de que te cambió la vida, y tal vez la ruta.
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