Más razones para que los bebés estén en brazos

Es muy positivo observar que cada vez más los centros y profesionales de la salud que atienden la maternidad ayudan a que el contacto entre la mamá y el bebé se de desde el primer momento seguido al nacimiento. Y es bueno ver que cada vez se toman en más en serio las necesidades del bebé y las su madre. Los profesionales empiezan a interpretar estas necesidades haciendo el entorno más amable y más cómodo y seguro, lo que ofrece beneficios que duran muchos años.

Alt="Contacto piel a piel"
Imagen cortesía de Angela María Yepes.

Los bebés son diferentes, pero comparten entre ellos la necesidad de cercanía. Si se garantiza por parte del personal sanitario las facilidades para que la díada mamá y bebé permanezcan juntos desde el mismo momento del nacimiento sin separaciones innecesarias; si se protege y resalta la importancia de este momento adaptando y enfocando las buenas prácticas a esta díada, quienes lo hacen estarán yendo más allá de lo instrumental, abarcando los terrenos del contacto. 

Abrir ese camino y comprender la profundidad del encuentro entre dos seres humanos al principio de la vida como bebé y como madre en primer momento y como pareja, padre o cuidador también, redundará positivamente en la adaptación al nuevo entorno, en el apego seguro y seguramente conducirá la energía a simplemente facilitar a que esté el uno con el otro. 

El contacto piel a piel con el cuidador permite un aprendizaje, una apertura que brinda a la madre y a quienes nutren al bebé, la posibilidad de proteger, de contener, de reconocer y de sentirse capaz, sin la angustia de una separación innecesaria.

A veces ese primer contacto es muy corto o no es posible. Sea por las condiciones del bebé, sea por protocolos que no son necesarios. Lo bueno es que el vínculo no se va a perder.
Y es aquí cuando aparecen los brazos, la cercanía, la voz, la mirada, el mensaje de bienvenida y el cobijo mutuo que siempre estará necesitando encuentro. Fe de ello la da la respuesta de calma y tranquilidad que tiene el bebé que está en brazos. Fe de lo contrario la da el pobre desarrollo de los que no tienen la posibilidad de ser tocados, abrazados, cargados en ningún momento.

Y es así como mi frase “los bebés no se acostumbran a los brazos, los necesitan” cobra fuerza y sentido. No le neguemos al bebé la posibilidad de los brazos a libre demanda. Desde el principio si es posible. Y bueno, si los tenemos ocupados, qué mejor que un portabebés que los deja libres mientras el vínculo sigue intacto.

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